Desde el lanzamiento de ChatGPT en 2022, la inteligencia artificial se ha expandido por toda la economía estadounidense y ha impulsado los mercados. En 2026, la tendencia sigue fuerte: el entusiasmo por la IA llevó a las acciones en Estados Unidos a registrar 24 nuevos máximos históricos este año, a pesar de las tensiones geopolíticas e incertidumbre sobre las tasas de interés.
El camino, sin embargo, no ha sido lineal. La narrativa sobre la IA ha oscilado entre confianza y cautela, con temores de una posible burbuja, como la reciente corrección en semiconductores y la volatilidad en software a inicios de año. Para el inversionista, el momento exige actuar con precisión: aprovechar este movimiento generacional implica responder tres preguntas clave. ¿En qué etapa está la adopción de la IA? ¿Los planes de inversión mantienen el ritmo? ¿Cómo evoluciona el liderazgo de mercado conforme crece la oportunidad?
Vivimos una transformación tecnológica sin precedentes, y la IA apunta a ser una de las tecnologías de adopción más rápida de la historia. Para comparar, el inodoro con descarga tardó 75 años en masificarse, el Internet 16, el smartphone 10. La IA generativa alcanzó en pocos años un nivel de penetración que antes requería décadas. A inicios de 2026, cerca del 58% de los adultos en EU ya usaban IA, un salto notable en solo tres años.
La popularización comenzó con los chats, pero el sector ya avanza hacia agentes de IA capaces de ejecutar tareas, encadenar procesos y operar flujos de trabajo completos. Según KPMG, 53% de las empresas estadounidenses ya usan agentes de IA en el segundo trimestre de 2026. El efecto es claro: mientras más agentes, mayor demanda de cómputo, chips, hardware y energía.
La adopción empresarial avanza, pero aún permanece en una etapa superficial. Se estima que 51% de las empresas en EU ya pagan por herramientas de IA, pero solo el 20% reporta el uso de efectivo en alguna función. Muchas siguen en periodo de prueba, ajustando gobernanza y buscando dónde realmente genera valor. Sin embargo, los presupuestos suben. Una encuesta de la Fed de Atlanta indica que las empresas aumentaron el gasto en IA por empleado en 52% respecto al año anterior, llegando a un promedio de 2,068 dólares.
Por el lado de la demanda de cómputo, el panorama sigue sólido. Un indicador es la explosión en el consumo de tokens, la unidad básica de procesamiento en muchos modelos. La plataforma de Alphabet procesa 3.2 cuatrillones de tokens al mes, un aumento del 600% frente al año anterior. Este ritmo acelera los ingresos de los principales laboratorios de IA, pero también revela una brecha: la oferta de infraestructura de cómputo no crece igual de rápido.
Para ampliar la capacidad, la inversión necesaria es masiva. Se estima que la inversión acumulada en centros de datos e IA alcanzará los 5.3 billones de dólares hacia 2030, convirtiendo este ciclo de expansión en el más intensivo en capital desde la era de las telecomunicaciones. Los recursos vendrán de equity, deuda y activos alternativos, pero el mayor peso recae en los llamados hyperscalers, las cinco grandes tecnológicas estadounidenses que ofrecen infraestructura de cómputo en la nube a gran escala. Estas empresas planean invertir más de 760 mil millones de dólares en 2026 y cerca de un billón en 2027. Ese volumen consume casi todo su flujo de caja libre, antes destinado a los accionistas, y obliga a algunas a buscar recursos en el mercado. Así, los inversionistas se han vuelto más selectivos, y los propios hyperscalers, aun con utilidades sólidas, ya enfrentan periodos de rendimiento inferior al del mercado accionario estadounidense. El mercado aún tiene poca visibilidad sobre cuándo desacelerará el aumento del capex, pero por ahora, los planes de gasto para los próximos años solo crecen.
La dinámica de liderazgo está cambiando. Al inicio del ciclo, hyperscalers y empresas de software fueron los principales beneficiados por el entusiasmo en IA. Tras tres años de fuertes retornos, estos sectores caen 9% y 21% en el año, respectivamente. Ahora, la inversión en infraestructura está redistribuyendo el protagonismo en la cadena. Las empresas de semiconductores en EU siguen siendo premiadas por el rápido crecimiento de utilidades y suben 38%, mientras los sectores de hardware y eléctrico ganan terreno con la expansión de los centros de datos. El capex de unos se convierte en ingresos de otros, y el liderazgo migra conforme surgen nuevos cuellos de botella. En algún momento, el foco del mercado pasará de la infraestructura de IA a las empresas que la adoptan y a las aplicaciones que se desarrollan.
El reto para el inversionista es seguir el paso a este movimiento. Es clave identificar dónde están los cuellos de botella y por cuánto tiempo cada segmento de la cadena de valor de IA será beneficiado. Además, el riesgo de concentración en sectores como chips aumenta. En un entorno de alta intensidad de capital y cambios rápidos, la gestión activa es fundamental para aprovechar nuevas oportunidades y evitar exposición a segmentos que ya perdieron ventaja competitiva.








