Invierta en renta variable para aprovechar la innovación y el crecimiento mundiales

Muchos creen que para ser un gran inversionista hace falta ser un genio, dedicar años a especializarse, o estar conectado a las altas esferas. Sin embargo, generar un patrimonio a través de la renta variable mundial es fácil y permite participar en la innovación y el crecimiento mundiales. No tiene que prever el próximo dato del PIB ni evitar caídas, como la corrección de la bolsa mexicana de febrero y marzo, ni convertirse en un gurú de la selección de valores. Basta con tener paciencia, disciplina y tiempo.

Cuando empecé mi carrera hace 54 años, los inversionistas lo tenían difícil. La información, sin internet, era escasa, así que analizar una empresa suponía consultar archivos y microfichas de noticias e informes empresariales en las bibliotecas.

En Estados Unidos, las comisiones de negociación rondaban el 2% hasta 1975. A esto se sumaban los amplios diferenciales entre el precio de compra y el de venta, que mermaban aún más la rentabilidad. En México, las trabas eran similares.

Actualmente, la compraventa de valores es prácticamente gratuita en Estados Unidos y muy económica en México. En la misma línea, la contratación electrónica en la bolsa mexicana y el mayor acceso a los mercados internacionales han supuesto una clara mejora de la eficiencia y del conjunto de oportunidades disponible; todo ello con la inestimable ayuda de los teléfonos móviles, que ofrecen acceso a miles de datos al instante.

Por otra parte, no pasa nada si se le da mal elegir acciones. No necesita dar con la próxima Amazon o Nvidia, pues, mediante un fondo cotizado (o ETF), puede invertir en el conjunto del mercado de forma económica y podrá participar en la innovación, el crecimiento y la evolución de la economía mundial. Con un fondo diversificado no necesita descubrir al próximo gigante tecnológico, ya que tendrá una parte de él mientras el capitalismo, siempre en constante transformación, se abre paso como una bola de nieve. Y la bola seguirá rodando.

De las veinte principales acciones del mundo por capitalización bursátil en 1970, como AT&T e IBM, en 1990 solo quedaban siete, y en 2010, cinco. Actualmente, ninguna. A todas ellas las superaron nuevas empresas innovadoras de cuyo crecimiento se beneficiaron sus accionistas.

La dinámica expuesta es una característica del capitalismo, no un defecto, y para aprovecharlo hay que invertir en renta variable. El oro o el bitcóin no sirven, y tampoco la renta fija.

Invertir en el conjunto del mercado no le hará rico de la noche a la mañana. Pero ese no debe ser el objetivo, sino sacar partido del crecimiento compuesto, adoptando para ello un planteamiento gradual e internacional, dada la concentración del mercado mexicano. De hecho, el índice estadounidense S&P 500, cuyos datos oficiales se remontan a 1925, ha obtenido desde entonces una rentabilidad anualizada del 10% en dólares. En el caso de la bolsa mexicana, que empezó a contar con información fiable en 1987, es del 14%. Y, si bien es cierto que la inflación de los ochenta y los noventa distorsiona ese dato al alza, ese es precisamente uno de los atractivos de la renta variable: constituye uno de los pocos activos que no solo pueden seguir el ritmo de la inflación, sino también superarla a largo plazo.

Diversificarse globalmente mitiga los riesgos políticos y económicos específicos del país y ofrece exposición a más sectores que el mercado mexicano, dominado por los materiales, los bienes de consumo básico y las finanzas. Es una manera de conseguir rentabilidades similares, pero con menos altibajos. Por supuesto, no es posible evitar las caídas. La bolsa estadounidense ha subido el 74% (en USD) de los años desde 1925 y la mexicana, el 76% (en MXN) desde 1987; es decir, alrededor de una cuarta parte de los ejercicios son negativos. Seguir un planteamiento de “comprar y mantener” la inversión exige disciplina en esos años malos.

Si cree que le falta dinero para crear un patrimonio, piense que una inversión anual de 12,000 pesos (o 1000 al mes), a un interés compuesto del 8%, se convertiría en casi 1,5 millones 30 años después, cuadruplicando los 360,000 pesos del capital inicial. El sacrificio a corto plazo se compensa con creces a la larga.

Así pues, ponga la vista en el futuro y forme parte de las apasionantes dinámicas que mueven el mundo.

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