México, el epicentro

No debiera desestimarse la rotunda declaración del presidente de los Estados Unidos ante el pleno de la Organización de las Naciones Unidas la semana pasada, en la que señala a México como el epicentro de la violencia de los cárteles de la droga, tanto por la gravedad de la acusación como por el contexto internacional en que se realiza.

Ya se ha hecho costumbre del mandatario norteamericano la palmada en la espalda seguida del descontón, y esta no ha sido la excepción al declarar que resulta inaceptable para su país compartir una frontera de más de tres mil kilómetros con un territorio que está parcialmente controlado por organizaciones criminales, aceptando, sin embargo, que se tiene una buena relación con el gobierno de México y se han logrado avances en materia de seguridad entre ambos países.

La pregunta que se ha planteado es sobre la razón de llevar el tema ante la asamblea general del más alto organismo internacional, a lo que algunos analistas sugieren que podría tratarse de la generación de una narrativa global, como preludio para justificar acciones unilaterales futuras sobre las organizaciones criminales mexicanas que han sido clasificadas como terroristas.

De inicio, debe pensarse en el nocivo impacto reputacional que las declaraciones del mandatario estadounidense pueden tener en el ámbito internacional al colocar a nuestro país como un espacio territorial de gran violencia y dominado por estructuras criminales.

La posición del gobierno mexicano ha sido, como en otros casos, desestimar la severidad de la declaración y destacar la buena relación y colaboración de ambos gobiernos, sin dar mayor relevancia al tema, pero la explosiva declaración debiera ser considerada en su real dimensión, como un riesgo real, al menos, en la tensa relación bilateral que es inocultable.

Por más que desde el púlpito mañanero se minimice la repercusión y se preconicen cotidianamente los resultados en el combate a la actividad criminal en nuestro país, es innegable el alto nivel de violencia que se vive en diversas regiones de nuestra geografía, aun cuando las estadísticas oficiales se esfuercen, ardua y cotidianamente, por presentar un panorama optimista en los resultados contra el crimen.

El caso es que la percepción internacional sobre México puede verse afectada negativamente por el nivel, el momento, los actores y el contexto en que se vierten las declaraciones tan concretas y directas, que van precedidas de eventos que trascienden las fronteras y ubican a nuestro país como un Estado vulnerable, con un alto nivel de riesgo y proclive a la corrupción y connivencia entre la política y el crimen.

Y es que esta percepción podría no estar muy alejada de la que, en el ámbito doméstico, comparte una buena parte de la sociedad.

¿Y el Rocha?

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